Apreciado jefe, le ruego explique con claridad, para que pueda entederle, al señor Andrés, filósofo donde los haya, que el remitente de esta misiva no perdería un sólo minuto, ni lo ha hecho, en solicitar a nadie que vete, banee, censure o limite la capacidad de decir sandeces y/o obscenidades de nadie, tampoco a él, salvo en una ocasión en la que, de forma notoria y pública, rogué se sustituyera un único calificativo por la ofensa indigna que significaba hacia personas con un determinado problema mental.
Expliquele que mi única comunicación con usted fué para rechazar el títulillo de experto, ya puestos, y que por cierto va muy barato en estos lares, por último hágale saber que, mientras usted no lo impida, voy a seguir recochineandome de él, evidenciando su incapacidad absoluta de razonar, no hablemos de filosofar...
quedo a su entera disposición.
Atte. imperfecto.
Sigue asi, Imperfecto, que como payaso me haces mucho de reir.