DIFICULTAD EXTREMA DEL ÚLTIMO TEOREMA FERMAT
¿Es difícil correr cien metros en catorce segundos? ¿Es difícil hablar en chino?¿Es difícil jugar al ajedrez?
EVIDENCIA: La facilidad o dificultad de una cosa es relativa a quien se la propone. Esto es verdad, pero no es toda la verdad, porque hay cosas que en sí mismas, y con respecto al hombre, son de extrema dificultad: Por ejemplo, correr los cien metros lisos por debajo de los diez segundos: Aquí hay dificultad subjetiva y objetiva.
¿Qué clase de dificultad nos ofrece el último teorema de Fermat? La respuesta es un clamor universal: EXTREMA DIFICULTAD SUBJETIVA Y OBJETIVA ya que contra los hechos no valen argumentos y el hecho es patente: Durante más de tres siglos miles de matemáticos, profesionales y aficionados, han sido vencidos y al fin ha tenido que venir Andrew Wiles para derrotar al teorema, por medio de una demostración larguísima y al alcance de poquísimos especialistas.
¿Uno de los libros más decisivos para el pensamiento humano? El que escribió el genial, aunque no simpático, Descartes: “El Discurso del Método.” En ese libro demostró lo más decisivo: Que todo es cuestión de MÉTODO, que no hay meta inalcanzable para la razón humana si se toma el adecuado CAMINO. Esto quiere decir que si se toma el camino equivocado, no se llegará a la meta, por más prodigiosos que sean los esfuerzos realizados.(La aplicación teológica cae por su peso:¿Quién se definió como EL Camino? ¿Acaso existe un camino para demostrar racionalmente –que no es creer-que hay Dios?)
Un ejemplo: El otro día (es un decir) se reunieron en la inmortal Zaragoza cien atletas para realizar una carrera cuya meta era la ciudad de Cuenca. Parten llenos de entusiasmo y vigor, alcanzan los Pirineos, atraviesan Europa, corren por el Norte de Siberia, de forma increíble atraviesan el Estrecho de Bering, prosiguen por Alasca, bajan por Canadá, Estados Unidos, Méjico, América Central y por el Norte de América del Sur llegan a la linda ciudad de Cuenca en el Ecuador, en donde un tal Alexander llega vencedor y al borde del infarto. Ha realizado hazañas increíbles PERO ha fracasado. ¿Por qué? Porque ha tomado el camino equivocado: La meta no era la linda Cuenca de El Ecuador, sino que era la maravillosa Cuenca española, Patrimonio de la Humanidad, que por ser tan maravillosa tiene por lema el único que le cuadra: “Cuenca es ÚNICA” Todas las inmensas dificultades soportadas por los atletas no quitan un ápice a esta verdad: El camino hacia la verdadera meta, la Cuenca Única, era un camino sencillo. No supieron recorrerlo y ese fue su problema, no el de mi Cuenca Única.
Es posible y hasta muy posible errar en la meta, a pesar de haber realizado prodigios inverosímiles. Y es seguro el error, si no se ha tomado el adecuado camino, si no se ha seguido el método exigible.
¿Se ha seguido el método exigible o se ha seguido erróneo camino en la resolución de el último teorema de Fermat?
Todo lector puede leer lo siguiente: Euler demostró el teorema para los exponentes 3 y 4; Peter Gustav Lejeune-Dirichlet lo demostró para los exponentes 5 y 14; Lamé para el exponente 7, etc.
¿Qué vemos? Vemos que se ha seguido un camino erróneo, EVIDENTEMENTE erróneo, porque demostrar el teorema para concretos valores del exponente a NADA conduce, a NADA puede conducir dado que es infinito el número de los números naturales que puede tomar el exponente. Da lo mismo, exactamente lo mismo, demostrar el teorema para cien mil trillones de concretos números, que no demostrarlo para ninguno. ERGO: A ciencia y conciencia se caminó por sendero que positivamente se sabía que a nada conducía. Bueno, conducía a demostrar que quien hacía tal hazaña era un matemático fuera de serie, pero ese es otro tema.
¿Es que acaso hay otro camino? Pensemos un poco: Fermat nos ha dicho que el exponente tiene que ser, en el seno de los enteros, mayor que dos. ¿Qué significa “mayor que dos”? Y los matemáticos, lo acabamos de ver, han dicho que significa: 3, 4, 5, 6, 7, 8,9, 10, 11,........aferrándose a los concretos números, sin tener en cuenta que la esencia del teorema no residía en dichos concretos números, sino en los puntos suspensivos que les siguen.
¿Qué es la matemática? Es lógica condensada por medio de símbolos. Todo lo condensada que queramos pero, ante todo y sobre todo: LÓGICA. Así, pues, era imprescindible preguntarse una y otra vez:¿Qué significa “mayor que dos”? Cuando uno se lo ha preguntado mil veces, cae en la cuenta que hay que distinguir ya sea EN ACTO, ya sea EN POTENCIA. En acto “mayor que dos” es un solo caso y ,por eso, el teorema de Fermat es un solo y único teorema. En potencia “mayor que dos” es infinitos casos y por tanto estaríamos ante infinitos teoremas.
No queda, pues, más remedio que concluir que el exponente “mayor que dos” es un solo exponente, que no es en acto ni el tres, ni el cuatro, ni el cinco....sino que es pura y simplemente “mayor que dos”
Entonces queda claro que en la terna en cuestión, tan solo hay cuatro y nada más que cuatro casos: Cuando el exponente es: Cero, Uno, Dos y “Mayor que Dos”
Este razonamiento (junto a otros varios) ya está expuesto en un libro (EL ÚLTIMO TEOREMA CATÓLICO. El último teorema de Fermat y los Números Primos) del que se han regalado unos cien ejemplares (también a catedráticos de matemáticas y, por supuesto y ante todo y sobre todo a filósofos y teólogos porque, en realidad, lo de la matemática viene a ser como la golosina que atrae hacia lo que de verdad interesa) e inevitablemente, la respuesta ha sido el silencio, con lo cual el autor ya no piensa regalar ningún libro más y los novecientos ejemplares restantes los tiene guardados bajo siete llaves y, en principio, no tiene intención de cambiar la situación.
PERO VOLVAMOS A LO QUE VOY.
Si es evidente que los matemáticos han caminado por camino que ab initio sabían que no podía llegar a la meta (ignoro el camino que haya andado Andrew Wiles porque mis conocimientos matemáticos son elementales), entonces puede ser que exista un camino sencillo que lleve a la meta pretendida.
Puede ser, pero como pura teoría ya que lo que no puede ser y además es imposible, pues no puede ser. Es imposible que los monstruos matemáticos no hayan visto durante tres siglos un argumento elemental, ergo tal argumento no existe. Por supuesto que abundarán argumentos que parezcan conclusivos, pero son y más aún TIENEN QUE SER puros y duros sofismas.
Esto es así y tan es así que impide entender los argumentos que se presentan tratando de demostrar el teorema. Aparentemente se leen pero, en realidad, no se leen porque se los lee bajo la tremenda presión de estar ante un imposible.
Mientras el lector no llegue a asimilar que los matemáticos caminaron por erróneo camino, no podrá leer con serenidad objetiva los argumentos (prueben o no) que se dan tratando de demostrar el teorema. Se lee con la superconvicción a priori no sólo de estar ante un argumento que a nada conduce, sino que necesariamente se tiene que estar ante tal vaciedad.
Una pequeña confesión: El autor ha sentido cómo sus palabras rebotaban en el aparentemente oyente, como rebota una pelota en el frontón. Fue una sensación casi física. Quien está convencido totalmente de la dificultad extrema de la demostración del último teorema de Fermat, está totalmente imposibilitado para entender los argumentos que se le presenten. ¿Por qué? Porque aunque con sinceridad cree que está oyendo, en la realidad no está oyendo. El peso de la historia le ha bloqueado. Un robot podría aceptar o rechazar, pero el actual matemático aplastado por el peso de la historia relativa a este teorema, tan solo puede hacer una cosa: Rechazar. Sea cual sea el contenido del argumento presentado tiene que, tiene que y tiene que rechazarlo, si no va revestido de la más alta matemática. Es cuestión de principio. Y punto.
Por esto, precisamente por esto es pura pérdida de tiempo presentar argumentos elementales que traten de demostrar el último teorema de Fermat. Desde el nivel histórico en que estamos tan solo se pueden admitir, he dicho bien simplemente admitir a trámite, argumentos de altísima matemática. Es así y no hay vuelta de hoja. PERO no era verdad lo que el perro creía con total asentimiento: Que todas las ovejas olieran mal. Simplemente se le pasó por alto que siempre colocaba el hocico en el mismo sitio.
Visto, por ser evidente, que los matemáticos caminaron por erróneo sendero, tan solo queda la imposible tarea de desprendernos de todo su peso y enfrentarnos al teorema de Fermat como si hubiera nacido en este momento y como continuación del de Pitágoras. Así y tan solo así podremos plantearnos su demostración con mente virgen.
Un cordial saludo y espero no haber molestado más de lo estrictamente necesario.