Bimbo, mucho más que una marca de pan
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Lorenzo Servitje jamás imaginó en su juventud que se dedicaría al comercio. Quería ser escritor, historiador e, incluso, pensó tener una vocación religiosa, ser misionero. Deseaba educar, llevar consuelo a personas con carencias en poblados distantes. Su sino estaba escrito en una caprichosa esquina del destino.
Al morir Juan Servitje, su padre, víctima de un infarto, Lorenzo, el primogénito de una familia de cinco hermanos, tenía sólo 18 años. El deber lo obligó a abandonar los sueños, la disyuntiva entre una vida universitaria y la entrega a la vocación religiosa, para responder a la difícil situación familiar.
Su vida estaría destinada, desde ese penoso incidente en 1936, a impulsar El Molino, la pastelería que inició su padre.
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