No sé si ustedes se han parado a pensar cual es la base del funcionamiento educativo en la actualidad en la mayor parte de los países. Me refiero al método pedagógico. Generalmente el sistema propone unos modelos, y estos consisten basicamente en transmitir una información al estudiante a través de un mecanismo de trabajo en clases y explicaciones con apoyo didáctico en los libros. Pero con ello desde el principio de su etapa escolar se le está proponiendo un aprendizaje que condiciona su forma de entender lo que se le pretende enseñar. Y es que debemos percatarnos de que a un niño, al enseñarle algo, no lo aprende, digamos, que se le impone como deber o norma, y entonces crea una especie de superego o vigilante interior que es el responsable de que se cumpla todo lo que conforma su moralidad. En este punto, surgen determinados conflictos en algunos casos, a los que se les aplican explicaciones parecidas tanto desde las perspectivas pdagógicas como psicológico terapeuticas que están ahora en auge. Y es que el sujeto, a medida que construye su edificio moral, va desarrollando como una especie de innmunidad, es decir, una conducta de rechazo hacia el sistema de valores impuesto, aunque pueda considerarlo en un primer momento su conciencia como lo correcto, y entonces, simplemente por representar la norma, la represión, lo condena, y busca su libertad como expresión de su yo, en su transgresión. De esta forma surgen comportamientos en los que se intenta desarticular la norma, reducir su vigilante interior, actitudes de pasotismo y de desantención en las clases, y que en muchos casos termina en fracaso escolar. Y aunque no sea así, y ya llevado el tema al nivel de la vida cotidiana, en la sociedad existen multiples problemas de alteraciones psicóticas, aunque responden a diferente tipificación, que nos condicionan a sentir carencias que intentamos compensar ofreciendo determinadas actitudes en las que se pone de manifiesto la esencia del desequilibrio. En cualquier caso, creo que el problema fundamental reside en que el ser humano, debe fundamentar, tanto su aprendizaje, como la respuesta al sentido de su vida, en el amor. Y cuando hablo de amor, he de decir que existen tres tipos distintos de acuerdo a la configuración cerebral y psíquica humana, pues el cerebro humano, es un cerebro mamífero, pero eso sí, integrado, y por tanto podemos sugerir respuestas en relación a la estructuración del mismo y sus características. Existe un amor impregnado de erotismo, el que representa eros, el que aprecia la belleza sensual, aquel que responde a los deseos humanos, a la atracción entre sexos, a las "debilidades de la carne". Nace del instinto que nos mueve a la necesidad de procrear, de la satisfacción física y psicológica que impulsa la reproducción. Otro es el llamado "amor al prójimo", esto es la capacidad que el individuo tiene para transladar su yo a los demás, la necesidad de tener el afecto de los demás, y de sentir empatía . Este tiene su origen en la relacion materno-filial propia de los mamíferos. Y por último el amor a lo divino, pero no se entienda como la adoración de un Dios o dioses necesariamente, sino también como el amor a los valores que nos proporcionan la base de nuestra conducta y actitudes frente a aspectos éticos, aquel que nos mueve hacia el bien, a fundamentar las valoraciones de nuestra conciencia. Cuando existe un equilibrio, el ser humano es capaz de desarrollar actitudes positivas hacia la vida, hacia la comprensión de la participación que tiene él y los demás en la misma. También a conseguir a evitar las situaciones descritas con anterioridad, en las que el sujeto se revela contra el sistema que le imparte los valores, y que el automaticamente rechaza. Por tanto, ahi reside la clave, en potenciar esas tres clases de "amor" y en lograr su equilibrio, ya en una etapa temprana, y también a dar las pautas para aplicar terapias que realmente funcionen.